La
ética de la medicina se fundamenta en valores y principios.
El valor es lo que define y motiva la conducta, los principios son los
que encarnan y hacen realidad estos valores.
Para el Instituto Henry Moore los máximos valores son la vida y
la salud, y tres son los principios rectores del acto médico:
Principio
de beneficencia: es el más viejo de los principios éticos
y puede ser rastreado entre los escritos más antiguos, dice que
el interés del médico debe ser perseguir el máximo
bien para la vida o la salud del enfermo: la cura cuando es posible, el
alivio y el consuelo cuando sanar no es viable. Esto es reconocido por
la sociedad como parte de un contrato implícito entre el médico
y el paciente.
Principio de autonomía: consiste en el respeto
de las decisiones deliberadas entre el médico y el paciente. Esta
decisión debe estar lo menos sujeta a coerciones y el paciente
debe ser capaz de discernimiento, por eso es muy importante la certidumbre
médica de haber brindado una información veraz, clara e
imparcial, la cual permita al enfermo tomar su decisión. Exige
un respeto por igual a todas las partes implicadas en la relación,
generando un sistema simétrico de conocimiento e información,
reduciendo así la posibilidad de que el paciente exija tratamientos
insatisfactorios o inadecuados, la relación médico-paciente
se ha horizontalizado y es "entre iguales".
Principio de Justicia: consiste en la distribución
equitativa de recursos insuficientes. La provisión de recursos
tecnológicos, científicos, humanos y, en definitiva, económicos,
necesarios en la práctica médica moderna, que no puede ser
solventada exclusivamente por el enfermo o los familiares. Por eso se
requiere alguien que administre técnicamente estos recursos, respetando
en la asignación de los mismos el principio de justicia.
Esto ha realzado la figura del administrador, el cual es un técnico
imprescindible en la actual relación médico-paciente. Aun
cuando hay quienes sostienen que la asignación de recursos no es
competencia médica sino política, es importante reflexionar
sobre dos puntos: si la sociedad se desembaraza de los médicos
para asignar recursos en salud, el principio de beneficencia puede ser
excluido como criterio para la toma de decisiones; si por el contrario,
la sociedad reclama una mayor participación médica en este
campo y los profesionales de la salud se desentienden, les será
impuesta esta limitación por personas no médicas y según
criterios no médicos.
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